Curso Bíblico • Iglesia Adventista
Texto clave: «Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre» (Mateo 24:36).
Según la Santa Biblia, no sabemos el día ni la hora exactos del regreso de Jesús. Sin embargo, así como había claras profecías acerca del primer advenimiento de Jesús, existen señales claras en cuanto a su segundo advenimiento. El cumplimiento de tales señales indicaría el "tiempo del fin" y la inminencia del retorno de Jesús.
«Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de silicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra» (Apocalipsis 6:12-13). Tal terremoto ocurrió el 10 de noviembre de 1755, destruyó Lisboa y sacudió Europa y el norte de África.
«La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso.» (Isaías 24:23); «Y mostraré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.» (Joel 2:30-31); «Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor» (Marcos 13:24); «E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.» (Mateo 24:29). Este acontecimiento extraordinario ocurrió el 19 de mayo de 1780. Amaneció normal, pero a media mañana una extraña oscuridad cubrió gran parte de los Estados Unidos. El célebre astrónomo Herschel dijo: "Fue un fenómeno maravilloso de la naturaleza, cuyo relato se leerá siempre con interés y que ninguna filosofía sabrá jamás explicar".
«E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.» (Mateo 24:29); «y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.» (Apocalipsis 6:13). Esta notable señal ocurrió la noche del 13 de noviembre de 1833. Un testigo presencial dijo que las estrellas caían en tal profusión, que a su luz podía leerse un periódico.
Daniel predijo que en el tiempo del fin "la ciencia se aumentará": «Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.» (Daniel 12:4). Esta clara señal se cumple dramáticamente ante nuestros ojos.
Billy Graham: "El saber humano se duplica cada quince años, y en menos de dos generaciones el hombre ha pasado del carro de caballos a los proyectiles teledirigidos" (El mundo en llamas, pág. 225).
El cumplimiento exacto de las señales anunciadas por Jesús y los profetas nos indica que la larga y agobiadora noche de dolor y muerte está por terminar. Se vislumbran los albores radiantes del nuevo mundo ofrecido por Jesús a "todos los que aman su venida".
El regreso del padre: El anuncio cayó como bomba. El esposo y padre debía marchar a la guerra. Con dolor, los parientes lo fueron a despedir a la estación. El hijo, desesperado, le preguntaba: "¿Cuándo regresarás, papá?" El padre le contestó: "Cualquier día de estos, en este mismo tren que llega a las cinco de la tarde, voy a regresar". Desde entonces, el niño esperaba ansioso la campanada que anunciaba la llegada del tren. Cuando ésta sonaba, corría hasta la estación y miraba ansioso para ver si entre los pasajeros estaba su padre. Después de dos años, una tarde, entre los pasajeros bajó su padre. ¡Qué alegría! Pronto estuvo entre sus brazos. "¿No te vas a ir más papá? ¿No es cierto?" preguntó ansioso el niño. "No. Ahora me quedaré con ustedes". Las campanadas de la historia indican que muy pronto llegará en las nubes de los cielos el Señor Jesús, para llevarnos consigo al cielo donde "estaremos para siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4:17).
«Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca» (Lucas 21:28).
Elena G. de White: “Las señales del tiempo nos indican que el fin está cerca. La tierra se está preparando para el gran día de Dios. Las naciones están en conmoción, los reinos se están derrumbando, y los hombres están llenos de temor. Pero para el pueblo de Dios, las señales son motivo de esperanza. Cuando las nubes se oscurecen, las estrellas de la mañana brillan más. Así, en los días de tinieblas, la luz de Dios resplandecerá para los que le aman.” — Testimonios para la Iglesia, tomo 9, pág. 15.
Para meditar: El niño de la ilustración esperaba cada día el regreso de su padre, sin saber cuándo, pero con la certeza de que llegaría. Así debemos esperar nosotros: no con ansiedad, sino con la confianza de que las señales se están cumpliendo y el regreso de Jesús está cerca. ¿Estoy viviendo como quien espera a su Rey?