Curso Bíblico • Iglesia Adventista
Texto clave: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23).
El hombre fue dotado por su Hacedor de inteligencia, razonamiento y capacidad para elegir libremente su destino. Sin embargo, al enfrentarse con Satanás y al caer en la tentación, cometió el pecado de desobediencia a un mandato definido de Dios. Además, ejerció equivocadamente su poder de elección. Creyó a Satanás y desconfió de Dios. De esa manera, rechazó a su Padre Dios y se puso bajo la tutela de Satanás.
Dios no creó a Satanás (que significa "adversario"), sino a Lucifer (que significa "Lucero"), una criatura de extraordinaria belleza e inteligencia. Lucifer fue creado perfecto: «Tú, querubín grande, protector, yo te puse; en el santo monte de Dios estabas, en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.» (Ezequiel 28:14-15).
Poco a poco, Lucifer cultivó la envidia, el odio y el orgullo. En el colmo de su extravío, pretendió ser igual a Dios: «Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; sobre las estrellas de Dios enalteceré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.» (Isaías 14:13-14). Se rebeló contra Dios, acusándolo de tiranía y desamor.
Se produjo una batalla en el cielo: «Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.» (Apocalipsis 12:7-9). Lucifer no permaneció en la verdad: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.» (Juan 8:44) y pecó desde el principio: «El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.» (1 Juan 3:8).
Dios no destruyó a Satanás, para permitir que con el tiempo se manifestara en toda su crudeza la malignidad de su proceder, y no quedaran dudas acerca de la justicia y el amor divinos.
Dios dio a Adán y Eva una señal de obediencia: no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal: «Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.» (Génesis 2:15-17).
El primer pecado consistió en la desobediencia a este mandato: «Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» (Génesis 3:1-6). Adán y Eva ejercieron equivocadamente su poder de elección, creyeron a Satanás y desconfiaron de Dios.
El profeta compara el pecado con la terrible enfermedad llamada lepra: «Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.» (Isaías 1:6).
David expresó las angustias del pecado: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano.» (Salmos 32:3-4).
Tenemos una lucha constante contra las asechanzas del diablo: «Por tanto, tomaos toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.» (Efesios 6:11-12). Pero si estamos con Dios, el diablo huye: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.» (Santiago 4:7).
Tenemos una armadura completa para defendernos de los ataques del maligno: «Por tanto, tomaos toda la armadura de Dios...» (Efesios 6:11-18). La sangre de Cristo nos limpia de los pecados: «Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.» (1 Juan 1:7).
La calamitosa experiencia del pecado llegará a su fin junto con su autor, el diablo. Satanás y sus ángeles están reservados para el juicio del gran día: «Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.» (Judas 6). Finalmente, serán destruidos en el gran lago de fuego: «Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 20:10).
El pecado será eliminado y nunca más volverá a surgir: «Porque he aquí, viene el día, ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.» (Malaquías 4:1).
La serpiente helada: Un caminante se compadeció de la serpiente que yacía helada en la fría mañana. La colocó en su pecho. Cuando el animal se reanimó, mordió a su bienhechor causándole la muerte. Nunca hay que jugar con el pecado. No hay que darle cabida en nuestra vida. Los resultados son siempre fatales.
El clavo en la calavera: En un cementerio, unos niños que jugaban con una calavera descubrieron que algo se movía adentro. Era un clavo. Se hicieron las investigaciones y se comprobó que treinta años antes, una mala mujer mató a su marido con ese clavo. Parecía que el hecho estaba olvidado, pero todo se descubrió, y la mujer, ya anciana, terminó sus pocos días en la cárcel. «Vuestro pecado os alcanzará» (Números 32:23). «Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido y salga a la luz.» (Lucas 8:17).
«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23).
Elena G. de White: “El pecado es la transgresión de la ley. Pero Cristo murió para que el pecador pudiera ser perdonado y restaurado a la obediencia a la ley de Dios. El amor de Dios se revela en el don de su Hijo. El pecado es odioso a sus ojos, pero él ama al pecador y le ofrece el perdón y la vida eterna.” — El Conflicto de los Siglos, capítulo 29.
Para meditar: La ilustración de la serpiente nos enseña que el pecado siempre trae consecuencias fatales. La ilustración del clavo nos recuerda que "nada hay oculto que no haya de ser manifestado". Pero también hay esperanza: Dios nos ofrece auxilio, perdón y victoria sobre el pecado. ¿Estoy dispuesto a dejar que Cristo me limpie y me dé poder para vencer?