Curso Bíblico • Iglesia Adventista
Texto clave: «Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios» (Éxodo 31:18).
El universo, creación de Dios, está regido por leyes naturales. Todo el ordenamiento moral, social, comercial e internacional se rige por leyes. Asimismo, Dios instituyó leyes morales y espirituales. Las mismas son como las sabias disposiciones de un padre para la recta formación de sus hijos.
Dios es eterno: «Yo Jehová no cambio.» (Malaquías 3:6), su ley también es eterna: «Desde antiguo he conocido tus testimonios, que los has establecido para siempre.» (Salmos 119:152).
Cristo no cambió la ley, sino que la confirmó: «Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.» (Isaías 42:21). La madre de Jesús y los discípulos también respetaron la Santa Ley: «Y vuelta la mujer, compró especias aromáticas; y el día de reposo reposaron conforme al mandamiento.» (Lucas 23:56); «Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios» (Romanos 7:22); «Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado» (2 Pedro 2:21); «Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.» (Santiago 1:25); «Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.» (1 Juan 2:3); «Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio.» (1 Juan 2:7).
La Ley es de gran utilidad para la vida del cristiano: «tú que te jactas de la ley, ¿deshonras a Dios quebrantando la ley?» (Romanos 2:18); «De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.» (Salmos 119:104); «Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.» (Salmos 119:165). La demostración verdadera del amor a Dios es guardar sus Mandamientos:
Los redimidos guardarán la Santa Ley: «porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.» (Romanos 2:13); «Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.» (Apocalipsis 14:12); «El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.» (1 Juan 2:6). Dios es quien nos ayuda a respetar la Santa Ley: «Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré.» (Hebreos 10:16); «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:5); «Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.» (Romanos 8:3-4).
Nadie se salva por guardar la Ley, sino por la gracia redentora de Jesús: «sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo» (Gálatas 2:16). Sin embargo, la Ley tiene una parte notoria y necesaria en la salvación:
Salvados, con la ayuda de Dios, respetaremos la Santa Ley, pues la gracia no invalida la Ley de Dios.
Jesús enseñó con claridad que la santa ley de Dios no cambia (Mateo 5:17-18). Por lo tanto, para no confundirse, conviene diferenciar entre la Ley Moral de Dios, que es eterna, y las leyes ceremoniales, que representaban a Cristo y su sacrificio, y que terminaron con su muerte en la cruz: «anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14); «aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz» (Efesios 2:15).
| Ley Moral | Ley Ceremonial |
|---|---|
| 1. Es espiritual: «Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.» (Romanos 7:14) | 1. Es carnal: «Porque cierto es que es abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e inutilidad» (Hebreos 7:16) |
| 2. Ley real: «Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.» (Santiago 2:8) | 2. Ley ritual: «anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14) |
| 3. Dada por Dios: «Y Jehová os habló de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis.» (Deuteronomio 4:12) | 3. Dada por Moisés: «Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno o de ovejas, ofreceréis vuestra ofrenda.» (Levítico 1:1-3) |
| 4. Escrita en piedra: «Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.» (Éxodo 31:18) | 4. Escrita en libro: «Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro, hasta concluirse» (Deuteronomio 31:24) |
| 5. Es inmutable: «Las obras de sus manos son verdad y juicio; fieles son todos sus mandamientos. Afirmados por los siglos de los siglos, hechos en verdad y en rectitud.» (Salmos 111:7-8) | 5. Es temporal: «Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.» (Hebreos 10:1) |
| 6. No fue abolida: «¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.» (Romanos 3:31) | 6. Fue abolida: «anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14) |
Los Diez Mandamientos se encuentran registrados en Éxodo 20:3-17. En resumen dicen:
Nadie tiene derecho a cambiar estos mandamientos; tampoco nadie debe agregar o quitar algo: «He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se quitará; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.» (Eclesiastés 3:14); «Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.» (Apocalipsis 22:18-19). Jesús nunca autorizó a nadie a hacer cambio alguno; al contrario, reprochó enérgicamente a quienes procuraban cambiar la ley por la tradición humana: «Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?» (Mateo 15:3); «Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.» (Mateo 15:9).
La ley como espejo: Así como un espejo nos muestra las manchas en nuestro rostro, la ley de Dios nos muestra nuestras faltas y pecados. Pero el espejo no limpia la cara; nos señala la necesidad de acudir al agua para limpiarnos. De la misma manera, la ley nos muestra nuestra condición pecaminosa y nos lleva a Cristo, quien es la fuente de limpieza y salvación.
«Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15).
Elena G. de White: “La ley de Dios es la única norma verdadera de la moralidad. Es la revelación del carácter de Dios. El amor a Dios y al prójimo es el resumen de la ley. Jesús, en su vida, reveló la belleza y la santidad de la ley. La ley no nos salva, pero nos muestra nuestra necesidad de un Salvador. Cristo, en la cruz, vindicó la ley y proveyó la salvación para el pecador arrepentido.” — El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 31.
Para meditar: La ley de Dios es como el espejo que nos muestra nuestras imperfecciones. No nos salva, pero nos guía al único que puede salvar. No debemos confundir la ley ceremonial (que apuntaba a Cristo y terminó en la cruz) con la ley moral (que refleja el carácter eterno de Dios). La pregunta no es si debemos guardar la ley, sino cómo podemos, con la ayuda de Cristo, vivir en armonía con ella por amor a nuestro Salvador.