Curso Bíblico • Iglesia Adventista
Texto clave: «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7).
El don de profecía es una de las bendiciones más preciosas que Dios ha dado a su iglesia. A través de los profetas, Dios ha comunicado su voluntad y guiado a su pueblo en tiempos de crisis y transformación.
El don de profecía fue concedido a muchas nobles mujeres en la Biblia:
Dios previene contra los falsos profetas: «Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.» (1 Juan 4:1); «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.» (Mateo 7:15); «Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.» (Mateo 24:24).
La Iglesia Adventista del Séptimo Día contó con el espíritu de profecía en la persona de Elena G. de White. Ella nació en Gorham, Estado de Maine, Estados Unidos, el 26 de noviembre de 1827. Sus padres fueron Roberto y Eunice Harmon. Pocos años después la familia se radicó en Portland.
A la edad de nueve años fue herida con una piedra arrojada por una condiscípula. El accidente casi le costó la vida. Permaneció inconsciente tres semanas y tuvo que abandonar la escuela. En 1840, a la edad de doce años, entregó su corazón a Dios y fue bautizada por un ministro metodista. Con varios miembros de su familia, Elena asistió a unas reuniones Adventistas en Portland, y en 1842 aceptó plenamente las doctrinas, por lo cual en 1843 fue desfraternizada de la Iglesia Metodista.
Una mañana de Diciembre de 1844, estando reunida con otras personas para orar, tuvo su primera visión, en la cual vio el viaje del pueblo Adventista a la ciudad de Dios. Relató la visión a los creyentes de Portland, quienes la aceptaron como luz de Dios. Luego realizó una serie de viajes para relatar esa y otras visiones, y a la vez luchar contra movimientos fanáticos que pugnaban por entrar en el grupo de creyentes.
En un viaje a Orrington, Maine, conoció al joven predicador Adventista Jaime White, con quien se casó a fines de Agosto de 1846. Tuvieron cuatro hijos varones. En Agosto de 1881 el pastor Jaime White falleció.
Jaime y Elena estudiaron detenidamente un folleto del pastor José Bates titulado El descanso del Séptimo Día. Aceptaron la verdad del Sábado, y el 7 de Abril de 1847 se le mostró una visión en la cual veía la Ley de Dios como una luz que resplandecía sobre el cuarto mandamiento.
Miles de personas tuvieron la oportunidad de ver a la Sra. White en visión. Se manifestaban en ella los mismos fenómenos descritos en la Biblia respecto a los profetas de la antigüedad. En una de sus visiones, tomó una pesada Biblia de casi nueve kilos y la mantuvo en alto durante media hora; cuando hombres fuertes quisieron hacer lo mismo, duraron sólo pocos minutos. En sus visiones era transportada a otros países, que luego reconoció en sus viajes.
Una de sus visiones más importantes fue acerca del "Gran conflicto entre el bien y el mal". Tuvo lugar en marzo de 1858, en Ohio. Otra visión fue acerca de la salud. Debido a esa visión, la iglesia comenzó a darle importancia a la temperancia y a la obra médica. En total tuvo cerca de dos mil sueños y visiones con revelaciones acerca de todos los aspectos de la verdad y la organización de la iglesia.
Junto con su esposo viajó extensamente por los Estados Unidos, predicando, ayudando en la organización de la iglesia y luchando contra diversos problemas y errores. Desde el otoño de 1885 hasta el verano de 1887 estuvo en Europa. En 1891 fue a Australia, donde ayudó a fortificar y establecer la obra.
Escribió miles de páginas y alrededor de 45 libros importantes. Entre los principales están: El Camino a Cristo, El Conflicto de los Siglos, El Deseado de Todas las Gentes, Patriarcas y Profetas, La Educación, El Ministerio de Curación y otros.
La linterna en la oscuridad: En una noche oscura, una linterna no cambia el camino, pero ilumina el sendero para que el viajero pueda ver por dónde va. De la misma manera, el don de profecía no es una nueva revelación que cambia la Biblia, sino una luz que ilumina las Escrituras y guía al pueblo de Dios en su caminar. Así como la linterna ayuda al viajero a no tropezar, el espíritu de profecía ayuda a la iglesia a comprender mejor la Palabra de Dios y a mantenerse en el camino correcto.
«Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7).
Elena G. de White: “Dios ha hablado a su pueblo por medio de los profetas en todas las edades. El espíritu de profecía no es una nueva revelación, sino que es el testimonio de Jesús que ilumina las Escrituras y guía a la iglesia en la verdad. Este don fue prometido para el tiempo del fin, y se ha manifestado en la iglesia remanente para preparar a un pueblo para la venida del Señor.” — El Conflicto de los Siglos, introducción.
Para meditar: La linterna no crea el camino, sino que lo ilumina. Así es el don de profecía: no añade nuevas verdades a la Biblia, sino que arroja luz sobre la Palabra de Dios para que podamos entenderla mejor y aplicarla a nuestra vida. Elena G. de White no se presentó como una nueva fuente de autoridad, sino como una guía que señalaba a la Biblia como la única regla de fe y práctica. ¿Estoy dispuesto a aceptar la luz que Dios envía a su iglesia?