Curso Bíblico • Iglesia Adventista
Texto clave: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 2).
Al rendir culto a Dios lo hacemos con nuestro espíritu y nuestro cuerpo; por lo tanto ambos deben ser irreprensibles: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.» (1 Tesalonicenses 5:23). Dios considera nuestro cuerpo un templo: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?» (1 Corintios 6:19). Cualquier atentado contra la salud del cuerpo es un pecado grave ante Dios: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.» (1 Corintios 3:16-17).
Un principio destacado en la vida del cristiano es la temperancia: «Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga sobre vosotros de repente aquel día.» (Lucas 21:34).
Elena G. de White (La Educación, pág. 41): "Nuestros cuerpos deben ser mantenidos en la mejor condición física y bajo la influencia más espiritual. Aquellos que acortan sus vidas por descuidar las leyes de la naturaleza, están robando a Dios".
No era el plan de Dios que se consumiera carne. El régimen dado por el Señor era natural: «Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla, os serán para comer.» (Génesis 1:29). Se concedió permiso provisional para comer carne debido al diluvio: «Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.» (Génesis 9:3).
Siendo que el hombre se acostumbró al régimen carnívoro, Dios indicó en forma específica las carnes inconvenientes. Tales indicaciones se encuentran en el libro de Levítico, capítulo 11. En general, las prescripciones son las siguientes:
Se puede comer la de animales que tengan pezuña hendida y que rumien. Si falta una o las dos características, no se debe comer su carne.
Se pueden consumir los que tienen aletas y escamas.
No se deben comer las aves de rapiña ni las nocturnas.
La Santa Escritura recomienda la abstención total de las bebidas alcohólicas: «No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne.» (Proverbios 23:20); «El vino hace escarnecedor, y la bebida fuerte alborotador; y cualquiera que por ellos se extravía, no es sabio.» (Proverbios 20:1); «Pero también éstos erraron con el vino, y con la sidra se entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con la sidra; fueron trastornados por el vino; se entontecieron con la sidra; erraron en la visión, tropezaron en el juicio.» (Isaías 28:7); «Porque será grande delante del Señor; no beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.» (Lucas 1:15); «ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.» (1 Corintios 6:10); «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu» (Efesios 5:18).
El tabaco no se conocía en los tiempos bíblicos; es originario de América. Sin embargo, su uso se ha propagado por todo el mundo. Tanto el hombre como la mujer, los jóvenes y los niños caen presa de ese vicio. Cada cigarrillo contiene alrededor de 35 venenos. La ciencia médica advierte contra los terribles efectos del tabaco: afecta las arterias que nutren el corazón, los pulmones, el olfato, el estómago, la vista. Está comprobada la relación del hábito de fumar con el aumento del cáncer.
Todo aquel que desea ser un buen hijo de Dios debe limpiarse de este terrible vicio: «Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.» (2 Timoteo 2:21). Asimismo, contienen drogas y venenos el café, el té y el mate.
La vida cristiana es una lucha constante. El secreto del triunfo consiste en seguir las pisadas de Jesús: «Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.» (1 Pedro 2:21). Requiere espíritu de sacrificio: «Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.» (Lucas 9:23); «sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.» (1 Corintios 9:27), la renuncia a costumbres indebidas: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, esperando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.» (Tito 2:11-13). Se necesita una reforma de los hábitos: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2).
El fumador empedernido: Un famoso escritor decía: "Dejar de fumar es muy fácil; yo lo he dejado más de cien veces". Para el hombre es casi imposible librarse de ese vicio esclavizador. Sin embargo, Dios puede fortalecer la voluntad hasta obtener la victoria completa.
El sueño de las tres ratas: Un alcohólico contó a su familia un sueño intranquilizador que había tenido. Había visto tres ratas: una gorda, otra flaca y otra ciega. El hijo menor, haciendo de moderno Daniel, interpretó el sueño: "La rata gorda es el cantinero que se lleva todo tu dinero; la rata flaca somos nosotros que no tenemos qué comer; la rata ciega eres tú, que te estás matando a ti mismo y nos matas a nosotros, a causa del vicio de la bebida".
«¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Corintios 3:16).
Elena G. de White: “El cuerpo es el único instrumento mediante el cual la mente y el alma se desarrollan para la formación del carácter. Por lo tanto, el agente humano debe cuidar diligentemente el cuerpo. Todo acto que debilita el cuerpo prepara el camino para el pecado. El cuerpo debe ser tratado como el templo del Espíritu Santo. Debemos abstenernos de todo aquello que contamina el cuerpo.” — El Ministerio de Curación, capítulo 1.
Para meditar: El sueño de las tres ratas nos muestra cómo los vicios no solo dañan a quien los practica, sino también a su familia. La rata gorda (el dinero gastado), la rata flaca (la familia que sufre) y la rata ciega (el adicto que se destruye) son una imagen poderosa de las consecuencias del pecado. Pero hay esperanza: Dios puede fortalecer nuestra voluntad y darnos la victoria. ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios transforme mis hábitos para honrarle?